Onil Verso a Verso, Mª José Mira Picó

10,00 €

No morirá un pueblo, ni dormirá el sentimiento, mientras unos versos lancen su voz al viento. Ni siquiera un recuerdo se perderá en el silencio siempre que una pluma describa su momento. No sucumbirá la ternura, ni la tradición, ni la hermosura, mientras quede un poeta que escriba la dulzura, la emoción... Ni siquiera la pérfida amargura será capaz de eclipsar su voz. El aliento de su tierra siempre le abrasará el corazón y será como una estrella que alumbre su vocación.

No callará la vida, ni se esfumará la sencilla elegancia de los hombres buenos, mientras sea la poesía el eco de sus esfuerzos, el reflejo de todas sus horas de gozo, el cálido refugio que mitiga sufrimiento; el abrazo, el beso... Todo aquello que por eterno, hace renacer día tras día, ese pedazo de mundo al que llamamos pueblo.

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No morirá un pueblo, ni dormirá el sentimiento, mientras unos versos lancen su voz al viento. Ni siquiera un recuerdo se perderá en el silencio siempre que una pluma describa su momento. No sucumbirá la ternura, ni la tradición, ni la hermosura, mientras quede un poeta que escriba la dulzura, la emoción... Ni siquiera la pérfida amargura será capaz de eclipsar su voz. El aliento de su tierra siempre le abrasará el corazón y será como una estrella que alumbre su vocación.

No callará la vida, ni se esfumará la sencilla elegancia de los hombres buenos, mientras sea la poesía el eco de sus esfuerzos, el reflejo de todas sus horas de gozo, el cálido refugio que mitiga sufrimiento; el abrazo, el beso... Todo aquello que por eterno, hace renacer día tras día, ese pedazo de mundo al que llamamos pueblo.

No morirá un pueblo, ni dormirá el sentimiento, mientras unos versos lancen su voz al viento. Ni siquiera un recuerdo se perderá en el silencio siempre que una pluma describa su momento. No sucumbirá la ternura, ni la tradición, ni la hermosura, mientras quede un poeta que escriba la dulzura, la emoción... Ni siquiera la pérfida amargura será capaz de eclipsar su voz. El aliento de su tierra siempre le abrasará el corazón y será como una estrella que alumbre su vocación.

No callará la vida, ni se esfumará la sencilla elegancia de los hombres buenos, mientras sea la poesía el eco de sus esfuerzos, el reflejo de todas sus horas de gozo, el cálido refugio que mitiga sufrimiento; el abrazo, el beso... Todo aquello que por eterno, hace renacer día tras día, ese pedazo de mundo al que llamamos pueblo.

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